Publicidad:
Terra
La Coctelera

Es mentira

 

No es una opinión, es un hecho: la gente no cambia. No es cuestión de pesimismo, sino de una cuidadosa observación de las mismas personas durante un tiempo determinado, lo suficientemente largo para sacar conclusiones. La gente no cambia, sino que te engaña. Atraviesan distintos estados de ánimo que contribuyen al engaño, y sobra decir que si el estado de ánimo de un hijo de puta es excelente, los tontos que le rodean malinterpretarán esa euforia pasajera y seguirán confiando en el género al que pertenecen. Es una obviedad, pero nadie parece darse cuenta. Del mismo modo, si un hijo de puta esta triste, inspirará lástima, y los mismos tontos de antes acudirán a consolarle.

Lo que hay que hacer es esperar a que el hijo de puta se encuentre en un estado de ánimo diferente de los antes mencionados. Hay que esperar a que le toquen los cojones, hay que esperar a que estén jodidos, pero no por el tipo de jodienda que provoca tristeza, sino por el que provoca rabia, furia y demás sentimientos execrables. Ahí es cuando se ve si el sujeto ha cambiado. Porque todos echamos mano a lo que nos hace como somos cuando estamos de mala leche. La forma de reaccionar ante lo que nos jode revela de qué pasta está hecho cada uno. Desgraciadamente, (lo pone en la Constitución y en la Biblia) la reacción suele ser la misma, dependiendo, claro está, del propio individuo. A pesar de las diferencias entre las personas, es seguro que cada una se mantendrá fiel a su carácter cuando se sienta puteado. No falla. Entonces uno, que es tonto, se da cuenta de que nada era lo que parecía y que es mejor mantener la desconfianza dado que el cambio era ilusorio.

Yo conozco varios ejemplos, que me abstengo de nombrar por salvaguardar mi anonimato. En líneas generales, son personas que odio a intervalos, personas que cuando están de buen humor o tristes me inspiran buen rollo y lástima respectivamente, pero cuando les dan un poco por el culo se muestran tal como son. ¿Quiere decir esto que nadie tiene derecho a cabrearse? Por supuesto, pero hay gente que cuando se molesta por las cosas que le pasan no jode a los demás, gente cuya furia es disfrutable, dependiendo del grado. A eso me estoy refiriendo desde el principio. Siempre he mantenido una especie de fe de pardillo en la parte de la raza humana que tengo el disgusto de conocer. Siempre he creído comprenderles. Sin embargo, una y otra vez asisto a repeticiones de patrones de conducta que ciertamente me hacen daño, y me pregunto cuán pardillo soy por caer de nuevo en la misma trampa.

No es adoctrinamiento, no es decir "así es la vida" ni demás tonterías. Es un hecho, al menos desde mi puto punto de vista. La fe en los hijos de puta demostrados ante notario no conduce a ningún sitio beneficioso a quien la practica. Es mejor mantener las expectativas bajas para que así nada te decepcione.

Déjame entrar

Todo el mundo debería ver esta excelente película, que agarra por los huevos a una cosa tan sobada como son los vampiros y los retuerce hasta conseguir algo que se podría calificar de obra de arte. No le da la vuelta al concepto, no reinventa nada ni aporta nuevas perspectivas, no cae en ningún tópico de ésos que tanto gustan a los imbéciles. Es la alternativa a cualquier mierda que esté de moda actualmente, y con esto quiero usar mi dedo índice para apuntar a la colección de tonterías que es la "saga" Crepúsculo, escrita por una mormona cursi para deleite de incontables jovencitas y no tan jovencitas que han olvidado los preceptos del movimiento feminista o bien nunca los han conocido. Menciono este despropósito literario compuesto de tochos a cual más gordo porque también cuenta, o contará, con adaptaciones fílmicas más o menos repugnantes, y porque Déjame entrar, aparte de una gran película, también es un gran libro, o eso se dice en los mentideros de gente guay.

 Ayer estuve hojeando gratuitamente la revista Fotogramas, y antes de que el quiosquero me ladrara la consabida frase "esto no es una biblioteca" pude sacarle partido a mi velocidad de lectura y enterarme de un par de cosas. En el reportaje que le dedicaban a la inminente bazofia de próxima aparición en todos los cines, es decir, Luna Nueva, mencionaban una anécdota en la que Lauren Bacall, obligada a ver Crepúsculo por su nieta, había decidido regalarle el Nosferatu de Murnau "para que viese una película de vampiros de verdad". Ignoro el desenlace de la cuestión, es decir, si la moza apreció el regalo de su abuela y renegó de crepúsculos y derivados, o si bien le dijo que más le valía dejar de chochear y subirse al carro de lo molón. En la sección de estrenos en DVD, aparecía, cómo no, la película sueca de la que estoy hablando, y las estrellas que aparecían al pie de la crítica dejaban bien claro que es algo que merece la pena ver. Soy de la opinión de que no hay que confiar ciegamente en los críticos en lo tocante a cine, ni en lo tocante a ninguna otra cosa. Sin embargo, se les puede prestar atención de cuando en cuando y sorprenderse gratamente. Mejor dicho, conmoverse gratamente.

 Vean la película. Cómprensela, descárguensela. En Youtube está entera, en versión original y con subtítulos en inglés. Léanse el libro si pueden. No caigan en el error de ser imbéciles.

Mejor sera deje buscar internet paginas

 

Mejor será que deje de buscar en internet páginas relacionadas con mi lesión y me vaya a comer algo. Tengo muchísima hambre y ya estoy harto, tanto cacareo con la cantidad de información disponible en internet y luego no hay disponible nada que me aclare las dudas y aporte un poco de tranquilidad a mi atribulada vida. Total, si mañana me va a ver el traumatólogo, ¿para qué entregarme a la ansiedad de una búsqueda sin sentido? Paciencia, mañana por la mañana saldré de dudas. Espero que el médico que me toque no sea un capullo negligente. Espero también que el hueso haya soldado bien y que pueda reiniciar mi vida a pesar de cualquier molestia pasajera. Para los pequeños dolores estoy preparado, pero no para otras dos semanas de recuperación.

Tengo miedo de las repercusiones laborales. Tengo miedo de que me den malas noticias en la consulta y tenga que seguir de baja. Tengo miedo que mis jefes se les acabe la tolerancia y estudien mandarme al carajo dada mi incapacidad temporal. También temo la llegada del día del cobro y encontrarme en el banco una cantidad insignificante que ni me permita pagar mis deudas.  Por último, temo estar exagerando. Habría que verme en una situación jodida de verdad.

Lluvia mejor redondear domingo por si

 

Lluvia, lo mejor para redondear un domingo de por sí mierdero. Perdón por la falta de finura. Hace tiempo que dejé de preocuparme por la forma. Digo que es mierdero por gusto, porque la verdad es que llevo disfrutando de días mierderos desde que tuve mis dos pequeños accidentes, este domingo es sólo otro día más. Ayer me desahogué con ella y no saqué nada en claro, pero eso no es ninguna sorpresa porque casi nunca saco nada en claro. El no poder hacer nada de lo que solía hacer los fines de semana me está convirtiendo en una piltrafa amargada. Tampoco es para tanto, me dije ayer y me digo hoy, no es un estado permanente ni es nada grave. ¿Entonces por qué me da tanta rabia que el mundo siga girando mientras yo me tomo unas vacaciones forzadas?

Voy a cambiarle el título a esta mierda de blog. Le puse éste en una época en que era un gilipollas, ahora lo soy menos. La mayoría de la gente pone algo de sí misma en sus creaciones. Por regla general, la mayoría de la gente es mediocre, así que imaginaos el resultado final. Lo mismo me pasó a mí y vomité esa sarta de imbecilidades.

 

Uno un blog recibir cometarios da igual la

Uno tiene un blog para recibir comentarios. Da igual la naturaleza de los mismos, lo que interesa es esa prueba palpable de que la gente te visita y lee lo que escribes. Lo que interesa es la popularidad. Yo he estado creando blogs por toda la blogosfera sólo por los dichosos comentarios. A la mierda con la tontería de que se escribe porque sí. Es un tópico, pero es cierto que se necesitan lectores para considerarse escritor. Aunque a Kafka no lo leyera nadie en vida, lo leyeron muchos a su muerte y entonces se convirtió en escritor. Yo no quiero morirme sin haber coleccionado un buen puñado de comentarios, o al menos, los suficientes para decirme a mí mismo: "lo que escribes, si bien es una puta mierda, cuenta con el beneplácito de cuatro gilipollas". Perdón por lo de gilipollas.

la vida secreta de un hombre

He encontrado por casa una novela de la colección “Deseo”, de Arlequín; esa cosa, o editorial o lo que sea que produce libros que ahondan de manera exhaustiva sobre las relaciones hombre-mujer, de forma acaramelada y cursi...

Bueno, aparte de “Deseo”, he visto libros de la colección “Bianca” y “Jazmín”... sin palabras. El sólo título hace que te dé un coma diabético.

Como iba diciendo, la cogí y me puse a leerla. Se llamaba “La vida secreta de un hombre” y trataba sobre una chica chapada a la antigua, con una visión del amor y el romanticismo que necesitaba actualizaciones. Tenía un restaurante en una ciudad pequeña de Estados Unidos, y todo le iba a bien... excepto el tema de los hombres.

Hasta que...

...conoció al guapo, seductor, sexy, varonil... en fin, divino, Connor Monnahan.

El tal Connor era en realidad un policía de incógnito que vigilaba a la prota, que, por cierto, se llamaba Winona Thornbury ( ¡qué coño pasa con los nombres en estas noveluchas!) porque era sospechosa de tener una red ilegal de prostitución cuya tapadera era el restaurante...

Dios mío, ante tanta maestría argumental me quito el sombrero.

En fin, que Winona, a pesar de ser anticuada, está como para comérsela tres veces al día sin necesidad de decir “me aburro del menú”, y claro, el perspicaz Connor Mcleod (perdón, Monnahan) se da cuenta de ello y se la beneficia. Brutal y delicadamente a la vez, se la folla bien y deja a Winona para el arrastre. Le muestra cosas que ella desconocía completamente (como el sexo oral) haciendo que Winona se olvide de algunas de las tonterías de su comportamiento y se enamore perdidamente de tan buen amante...

Pero...

...Connor también se enamora, porque la novela la escribe una tía (típico de las mujeres) y no tendría gracia que el tipo dijese “Bah, paso, de todas formas ya me la he follado” sino que se suscribe a la misma pasión que Winona.

Qué pasa al final?

Ni idea, sólo llegué hasta donde echan el polvo.

El resto, me lo imagino:

-Oh, Connor, ¿Cómo has podido engañarme así? ¿Por qué no me has dicho en todas estas noches de sexo desenfrenado que eras un policía de incógnito?
-Winona, al principio, mientras te vigilaba, no sospeché jamás de que fueras una mujer tan encantadora e irresistiblemente sexy, hasta que me abriste tu corazón y tus piernas aquella memorable noche y las siguientes noches memorables...jamás había sentido tal pasión, jamás había perdido la cabeza por una sospechosa del modo en que la he perdido por ti, Winona. Me resultó difícil ocultártelo, pero no podía traicionarte ni a ti ni al Departamento de Policía de Indiana.
-¡Oh, Connor!
-Comprendo que estés herida, así que si quieres terminar lo nuestro, estoy dispuesto a no entrometerme más en tu vida. Ahora sé que no eres ninguna prostituta y que todos nos habíamos equivocado. Pero me rompería el corazón, Winona, me lo rompería en mil pedazos el alejarme de ti, aunque fuera por un segundo.
-¡Oh, oh, Connor!
-Te quiero, Winona, y por eso te pido que te cases conmigo
-¡Oh, querido Connor, sí! ¡Claro que me casaré contigo!

Fin ...por ahora.

Saturno

El sábado es un día en que salimos a la jungla a desfogarnos, a cazar y a ser cazados. El sábado es el día establecido para portarse mal. Establecido por nuestra sociedad de mierda, permitido y alentado por ella. Por mucho que se quejen nuestros queridos lideres políticos, que siempre buscan lo mejor para nuestra salud, el sábado es drogas y sexo. No importa si las drogas son legales o no. No importa si el sexo es gratis o fruto de una transacción. Salimos y bebemos, fumamos y follamos, aspiramos y sentimos cosquilleos que nos indican que la cosa está haciendo efecto.

Estoy en casa, sentado ante una máquina estúpida, intentando olvidar ue hoy es sábado.

Resfriado

He pillado un resfriado. Ahora podría continuar refiriéndome a sus efectos y el embotamiento que me provoca en todas las partes útiles del cuerpo. Podría, pero no; eso sería caer en la pedantería de engordar este blog a base de relatar con pasmosos detalles y aburrida ejecución las desgracias personales de uno. No digo que los diarios no tengan su encanto, pero funcionan mejor si te llamas, por ejemplo, Tolstói, o Napoleón, o John Milton. La historia personal de mindundis de tres al cuarto no resulta atractiva, no constituye un documento digno de preservar para la posteridad. Sin embargo, es útil, pues permite acceder a muchísima información privada que sirva luego para constatar lo generalizada que está la estupidez humana.

Mi primer blog era, sencillamente, quejumbroso. Un tributo al noble arte de las plañideras, un altar para mi propia poquedad. Lo hice por si algún profesional lo leía y me hacía acceder al honorable mundo de las letras, luego caí en la cuenta de que el servidor donde lo había alojado era visitado por pocos hispanoparlantes. No recibí ni un sólo comentario los primeros días, salvo aquellos en inglés sobre individuos que querían que visitara sus repugnantes blogs, que trataban de temas tan sugerentes como la vida de un guarda forestal en uno de los innumerables parques norteamericanos por los que no sería extraño ver pasar al Oso Yogui o alguno de sus congéneres.

Sí, sé hablar inglés.

Mi blog estaba prácticamente fuera del alcance de todos los curiosos que podrían utilizar la información que yo proporcionara para joderme. Me refiero, claro está, a mis amigos y amigas. Nunca he sido muy amigo de “abrir mi pecho” y “expulsar todas mis tribulaciones”, vertiendo toda la mierda que tengo en la puta cabeza en los oídos de alguien. Me gustan las confidencias, pero no me gusta hacerlas. Considero que está bien pedir consejo, pero sin apoyarse en la conciencia de otro, tomarla prestada para que la de uno no dé un palo al agua y se sienta a gusto sin merecerlo. No, uno tiene que hacer sudar a la propia conciencia, y decidir que moralidad le conviene más. Eso hice yo.

Empecé a escribir artículos sinceros que giraban alrededor de un único y fascinante tema: Yo.

Cada día, con verdadero ahínco, desgranaba lo que me hacía “único” con lujo de detalles, describía minuciosamente cómo había sido el día y cuántas aspiraciones y deseos ocultos se habían quedado tiradas en la cuneta, aplastadas por las ruedas del carruaje de la frustración. Como no tenía que temer los ojos curiosos de nadie, estando como estaba mi blog resguardado por el anonimato y la situación, no tenía reparos en escribir sobre todo y todos. Confesé a esas páginas virtuales mi pobreza, mi escasa autoconfianza, mi escasa autodeterminación y mi escasez general de todo lo que llevara el prefijo auto. Confesé mi amor por una de mis mejores amigas, llené páginas y páginas con una descripción de sus encantos. Lloraba lágrimas virtuales cuando ella parecía rechazarme y me alegraba cuando un gesto suyo me hacía sonreír como Dios manda. Lo escribí todo, sin dar nombres, eso sí; sin hacer partícipes de mi mundo a aquellos que no admitían, a todas luces, en el suyo.

El tiempo pasó, como siempre hace. Y yo cambié, como siempre les ocurre a los ¿héroes? de las historias. Me harté de tener un blog, me harté de escribir chorradas. Me harté de haberme creado un alter ego que no tenía más que espantosas muestras de mis defectos. Me harté de quejarme y de no coger a la vida por los huevos y sacarle el corazón a través de las costillas. Me harté de no haberme comido ese corazón a bocados, de no haber aspirado el aroma único que despide un deseo realizado.

Abandoné el blog, con un último artículo que era todo un testamento.

Y ahora tengo este.