No es una opinión, es un hecho: la gente no cambia. No es cuestión de pesimismo, sino de una cuidadosa observación de las mismas personas durante un tiempo determinado, lo suficientemente largo para sacar conclusiones. La gente no cambia, sino que te engaña. Atraviesan distintos estados de ánimo que contribuyen al engaño, y sobra decir que si el estado de ánimo de un hijo de puta es excelente, los tontos que le rodean malinterpretarán esa euforia pasajera y seguirán confiando en el género al que pertenecen. Es una obviedad, pero nadie parece darse cuenta. Del mismo modo, si un hijo de puta esta triste, inspirará lástima, y los mismos tontos de antes acudirán a consolarle.
Lo que hay que hacer es esperar a que el hijo de puta se encuentre en un estado de ánimo diferente de los antes mencionados. Hay que esperar a que le toquen los cojones, hay que esperar a que estén jodidos, pero no por el tipo de jodienda que provoca tristeza, sino por el que provoca rabia, furia y demás sentimientos execrables. Ahí es cuando se ve si el sujeto ha cambiado. Porque todos echamos mano a lo que nos hace como somos cuando estamos de mala leche. La forma de reaccionar ante lo que nos jode revela de qué pasta está hecho cada uno. Desgraciadamente, (lo pone en la Constitución y en la Biblia) la reacción suele ser la misma, dependiendo, claro está, del propio individuo. A pesar de las diferencias entre las personas, es seguro que cada una se mantendrá fiel a su carácter cuando se sienta puteado. No falla. Entonces uno, que es tonto, se da cuenta de que nada era lo que parecía y que es mejor mantener la desconfianza dado que el cambio era ilusorio.
Yo conozco varios ejemplos, que me abstengo de nombrar por salvaguardar mi anonimato. En líneas generales, son personas que odio a intervalos, personas que cuando están de buen humor o tristes me inspiran buen rollo y lástima respectivamente, pero cuando les dan un poco por el culo se muestran tal como son. ¿Quiere decir esto que nadie tiene derecho a cabrearse? Por supuesto, pero hay gente que cuando se molesta por las cosas que le pasan no jode a los demás, gente cuya furia es disfrutable, dependiendo del grado. A eso me estoy refiriendo desde el principio. Siempre he mantenido una especie de fe de pardillo en la parte de la raza humana que tengo el disgusto de conocer. Siempre he creído comprenderles. Sin embargo, una y otra vez asisto a repeticiones de patrones de conducta que ciertamente me hacen daño, y me pregunto cuán pardillo soy por caer de nuevo en la misma trampa.
No es adoctrinamiento, no es decir "así es la vida" ni demás tonterías. Es un hecho, al menos desde mi puto punto de vista. La fe en los hijos de puta demostrados ante notario no conduce a ningún sitio beneficioso a quien la practica. Es mejor mantener las expectativas bajas para que así nada te decepcione.
